A los profesionales de la inversión les gusta la complejidad, sienten que les aporta credibilidad. Dado que los mercados son muy complejos muchos clientes sienten la necesidad de rodearse de expertos, que les ofrezcan soluciones complejas.

¿Es cierto que la recopilación y análisis de datos de forma masiva tras décadas de experiencia producen mejores decisiones?

Desde el siglo IV a.c[^n] hasta Einstein[^n], los científicos han argumentado que ese no es el caso. Famosos inversores como Ben Graham y Warren Buffet[^n] también han defendido la simplicidad.

La complejidad tiene un coste. Al intentar predecir el futuro, la evidencia cada vez más creciente, muestra que las reglas sencillas baten a las complejas la mayoría de las veces.
Amplios estudios de toma de decisiones humanas han demostrado que los expertos solo baten las reglas sencillas entre un 5%[^n] y un 20%[^n] de las veces.

En el mundo de la inversión no nos sorprende entonces que los fondos de gestión activa batan las sencillas reglas de los índices solo un 20%[^n] de las veces (en un periodo de 20 años). Las carteras activas de fondos lo hacen incluso peor, batiendo carteras indexadas solo un 5% de las veces[^n].



Benjamin Graham [^n]

En 1963 Benjamin Graham, padre de la “Inversión en valor”, escribió un artículo en el que argumentaba lo siguiente:

para crear una cartera inteligente no es necesario ser un “mago de la selección de valores” o “pronosticar los movimientos del mercado”. Uno sólo necesita aferrarse a los principios de la “buena inversión”, como “el equilibrio entre valores y bonos”, “la tolerancia al riesgo” y “la diversificación”.

Muy pocos profesionales de la inversión usan reglas tan sencillas. Muchos están constantemente cambiando carteras. Lo justo y necesario como para justificar su existencia. Les preocupa que la simplicidad no sea acorde con sus honorarios.

Creemos que los asesores tienen un importante papel. No tanto en ofrecernos soluciones complejas sino en guiarnos hacia aquellas sencillas y efectivas.

Entender hasta qué punto el riesgo puede quitarnos el sueño, ayudarnos a seguir el plan de inversión cuando las cosas se pongan feas y protegernos de las tendencias auto destructivas que afectan a todos los inversores.

A la hora de construir una cartera, los clientes deberían desconfiar de la complejidad.

La simplicidad es la máxima sofisticación.