Hasta no hace muchos años, concretamente hasta el 2008 y el estallido de la burbuja inmobiliaria, la compra de una vivienda era la inversión aspiracional y mejor vista para casi todos los españoles. Un ideal basado en conceptos como “alquilar es tirar el dinero” o “el ladrillo siempre sube”.

Pero tras la crisis inmobiliaria el sector ha quedado al descubierto: una casa no es un “elemento mágico” con el que si inviertes nunca vas a tener pérdidas, una casa es como cualquier otro activo de inversión: habrá épocas en las que se revalorizará, pero también habrá otras ocasiones en las que su valor disminuirá (como ha ocurrido durante los años de crisis).

El mercado inmobiliario, como cualquier otro, tiene “altibajos”, por lo que no es seguro que nuestra casa vaya a valer más año tras año ni en realidad, se puede hacer una predicción a ciencia cierta sobre la evolución del mercado a largo plazo.

A la hora de invertir “en ladrillo” es necesario tener en cuenta una serie de cuestiones que habitualmente se pasan por alto:

  • Hipoteca: generalmente para adquirir una vivienda es necesario solicitar un préstamo hipotecario al banco. Esto afecta doblemente a nuestra inversión:

    • Intereses totales a pagar, que aumentan el coste total que tenemos que destinar a comprar la casa.

    • Avales. Añadir avales dentro de nuestro contrato significa, ni más ni menos, que estamos arriesgando otros bienes dentro de la operación de compra de la casa, es decir que en lugar de diversificar nuestras inversiones las estamos concentrando.

  • Suma total de la inversión: a la cifra de compraventa de la casa hay que sumarle, además de los intereses de la hipoteca, gastos de notaría, coste por la inscripción en el Registro de la Propiedad, los gastos de reforma/decoración, el mantenimiento… esto hace que el total de dinero destinado para la adquisición de la vivienda aumente de forma poco visible, pero real.

  • Apuesta personal… y también profesional: una vivienda se convierte, en el epicentro de nuestra vida no solo personal, también profesional, así por ejemplo puede condicionarnos a la hora de aceptar un empleo mejor en otra ciudad.

  • Riesgo en la inversión: comprar una casa es una inversión, y toda inversión supone un riesgo. En el caso de una vivienda además compromete una gran cantidad de dinero, en muchos casos además prestado, a lo que se suma generalmente la presentación de avales. Adquirir una vivienda supone dedicar una gran cantidad de dinero a un único activo cuando una de las claves de la buena inversión es diversificar, o dicho de otra manera: no meter todos los huevos en el mismo cesto.

  • Liquidez: un punto clave a la hora de elegir dónde invertir tu dinero es con qué facilidad puedes recuperarlo, bien porque tengas un imprevisto y lo necesites, bien porque decidas que quieres invertirlo de otra manera. Probablemente el dicho "estar casado con la hipoteca" refleja muy bien la falta de liquidez que ofrece la compra de una casa.

¿Te habías parado a pensar en todos ellos? Como ves, aunque sea una de las opciones más conocidas a la hora de invertir, debemos ser conscientes de los costes y riesgos antes de tomar una decisión tan importante que va a acompañarte durante tantos años y no dejar de lado, nunca, la diversificación.

Tengas o no hipoteca, en Finizens te ayudamos a diversificar tu inversión de forma muy sencilla y con total liquidez con nuestro Plan Ahorro, de manera que puedas rentabilizar tu dinero a largo plazo sin complicaciones. Y si tienes todos “tus huevos” metidos en la compra de una vivienda, también te ayudamos a conseguir ahorrar un colchón aparte, que además, aprovecha al máximo el efecto del interés compuesto .